La nueva medida tomada por el gobierno de Venezuela, encabezado por Nicolás Maduro, ha causado susto entre la población. El mandatario decidió eliminar cinco ceros a la moneda nacional, el bolívar fuerte, y que ahora ha cambiado a ser soberano. Así, ha nacido el “bolívar soberano”.

La reconversión en la economía venezolana buscaba “facilitar” las transacciones económicas y comerciales en el país, sumergido en una hiperinflación, que se prevé cierre el año en un millón porcentual, según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El anuncio de Maduro precisaba que los billetes nuevos circularán al mismo tiempo que con los anteriores, sin embargo, los billetes menores de 1000 bolívares ya no tendrán valor. Ante esto, los salarios, precios de bienes y servicios serán ajustados a la nueva denominación nacional. Un ejemplo de la crisis que se espera es el precio de un cartón de huevo que pasó de 4 millones 500 mil bolívares a 17 millones de bolívares soberanos.

Maduro indicó que esta nueva denominación del bolívar estará anclada al petro, como se llama la criptomoneda gubernamental que tiene un valor “cercano a los 60 dólares o más” y cada una de ellas equivale a 3.600 bolívares soberanos o 360 millones actuales lo que arroja un cambio resultante de 6.000.000 de bolívares por dólar.

La medida que apuesta por un “milagro económico” para el país y para estimular la inversión y controlar la inflación, llega acompañada de varios ajustes que van desde el aumento de 3 500 por ciento al salario mínimo, lo cual ha aterrado a los ciudadanos, así como el reajuste al precio de la gasolina que será de 1 bolívar soberado por cada litro, es decir, seguirá siendo la más barata del mundo.

Además, Maduro anunció la extensión del censo de transportistas hasta el próximo 30 de agosto y que en septiembre se definirá el aumento a la gasolina, el cual prevé “progresivo”.

Según la oposición, la hiperinflación hará viable la reconversión y por eso ha solicitado al Ejecutivo y al Banco Central frenar la medida hasta que se tomen otros ajustes económicos para solventar el déficit fiscal y detener la incesante subida de precios.

EL TEMIDO AJUSTE  

Por decreto presidencial, el lunes 20 de agosto fue un día no laborable en Venezuela. El objetivo fue que los bancos tuvieran el tiempo necesario para hacer los ajustes implementados para la nueva moneda.

Pese a que la mayoría de los comercios permanecieron cerrados, la preocupación de entrar en una situación peor a la actual crisis. La incertidumbre se acentúa por el aumento al salario mínimo en un 3 500 por ciento y el alza en los precios y los impuestos.

“Con el aumento del salario mínimo a 1 800 bolívares soberanos, que equivalen a 180 millones de la moneda actual o a 30 dólares, no se podrá comprar ni comer nada”, sentenció Gabriel López un economista venezolano de 45 años.

ADELANTAN ÉXODO

El común de la mayoría de los venezolanos era el plan de abandonar el país antes de una catástrofe económica. Este 20 de agosto, el plan se ha adelantado ante el anunció de los cambios en la economía que busca contrarrestar la inflación.

José Narváez, carpintero de oficio, planeaba emigrar a la isla de Aruba antes de fin de año y ante los cambios “ilógicos” del presidente ha comenzado a preparar su salida para “lo antes posible”.

La población ha comenzado a manifestarse ante la escasez de comida, el resurgimiento de enfermedades que se consideraban erradicadas y los que pueden, y están en posibilidades, buscan escapar de Venezuela como lo han hecho 2.3 millones de personas que ya están radicados en otros países.

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